viernes, 5 de junio de 2026

Reseña de mi libro "Granadas abiertas impúdicamente"

 





Bella reseña sobre mi libro de mi querido Rafael Núñez. @editorialcuadranta


En esta presentación estaré acompañada por dos personas muy queridas: @Rafanuñez y @Jadesal


Los locos nos reconocemos con facilidad. Supongo que cuando deambulamos por los pasillos de la vida sabemos quiénes han salido de una celda como nosotros y quiénes nos han encerrado en ella. A @pepa_cantarero la conocí hace casi 30 años en algo así como el patio del manicomio, que tenía forma de certamen de poesía y llevaba su nombre. Algunos locos leemos e incluso escribimos. El arte es, al fin y al cabo, fundacional para la locura y a la vez su remedio, como plantea Pepa citando a Maurois: “la neurosis hace al artista y el arte cura la neurosis”. Y no es de extrañar que sea precisamente la locura el tema con el que mi querida mujer del pelo rojo haya urdido la mejor de sus obras, un bestiario monumental en el que cada poema es a la vez un edificio formidable y una joya de minuciosa orfebrería.

Pero más allá de lo formal, del virtuoso uso de la palabra y de la composición de voces poéticas, “Granadas abiertas impúdicamente” es en realidad eso, una colección de estallidos humanos que salpican en los ojos y en los labios del lector con sabores y dolores diversos: reproche-quejido (“diencéfalo”), esperanza cercenada (“la nave de los locos”), desoladora lucidez (“árbol de la vida”), resignación infecciosa (“exploras el yo”), sórdida oda (“chicas malas”) o desgarradora ternura (“gatos y hadas”). Hay que degustarlos poco a poco, eso sí. No por su dureza (nada más duro y embriagador a la vez de tragar como aquel “Conversaciones con el nicho 612”), sino porque cada poema contiene su propia cosmogonía, que merece ser desentrañada y creída para apreciar todos los matices más allá del golpe inicial.

Cuando uno termina el viaje (que no es viaje solo de ida ni solo lineal), uno termina sintiendo que le laten muchos corazones dentro y que quisiera abrazar a los portadores de todos ellos y decirles que no están solos, que no están locos, que gracias a ellos late también mi corazón. Y abrazar a Pepa y seguir idolatrándola sin medida.

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